Mí alma llora



Ha pasado un tiempo desde que el TSUNAMI arrasó varios países entre ellos SRI LANKA. Lo he necesitado para poder ponerme a escribir esto.

En el año 1995 viajé por primera vez a ese hermoso país. Lo primero que me llamó la atención al llegar a Colombo (capital de Sri Lanka) fueron los olores (allí se hace el mejor curry del mundo hecho con una mezcla de hiervas). Por todo Colombo se aspiraba ese olor. Al principio me resultó raro pero poco a poco me acostumbré y cuando salí de allí lo eché de menos. Sus habitantes se sienten orgullosos de su país y dicen que el EDEN de la Biblia es SRI LANKA. Las playas tienen una arena fina y en ella hay minúsculas partículas de cuarzo. En luna llena el cuarzo brilla creando una sensación mágica. Paralela a la playa las vías del tren se extienden por muchos kilómetros  y alrededor de ellas, miles y miles de personas, se agrupan como pueden creando sus hogares a base de cartones, maderas y lo que recogen de la calle. Son muy pocos los afortunados que tienen una casa firme. En una sola habitación duermen varias familias en el suelo pero compartiendo lo poco que tienen.

Yo había ido a hacer las prácticas de acupuntura que estaba estudiando y para ello fui dos años seguidos. Me hospedaba en un hotel frente al mar. Tenía que cruzar la vía del tren para ir a la playa. Un día, mientras en el hotel me preparaban  la comida, decidí irme por las vías y entrar de lleno en este amoroso pueblo. Lo primero que me sorprendió fue sus miradas llenas de amor e inocencia y una hermosa sonrisa dibujada en los labios. Cada una de ellas me invitaba a entrar a sus humildes hogares. Era la primera vez que me veían y no me pedían nada. Por el contrario, todos competían para ver a que casa yo entraba. Me ofrecían lo poco que tenían y yo me sentía entre avergonzada por no poder darles nada a cambio y agradecida por la experiencia que estaba pasando.  Ellos creen en el DARMA y KARMA (toda acción genera una reacción). En este caso una reacción buena (Darma), por lo tanto al darme ellos recibirían más. Rodeada de esas gentes sentí que la realidad de mi vida se derrumbaba y me sentí agradecida por la oportunidad que me estaban dando de ver lo que era la verdadera felicidad. Ellos no tenían nada pero eran felices y lo transmitían con sus ojos y sobre todo con esas sonrisas que jamás olvidaré. Ni siquiera dejan de sonreír cuando la lepra va haciendo mella poco a poco en sus carnes. En Sri Lanka hay varios sitios dedicados a cuidar a los leprosos. Yo fui a uno de ellos. Los cuidaba una monja con ayuda de voluntarios. Era tan pobre el lugar que no tenían ni sábanas en sus camas. Los hombres se tapaban con taparrabos y las mujeres con unos sencillos saris.

En un hospital de Colombo hacíamos nuestras prácticas. Recuerdo que mi primer paciente fue un niño de no más de siete años. Nació con las caderas vueltas y no podía andar. Se arrastraba en vez de caminar. No tenía familia y vivía en una casa de acogida donde habían muchos niños en parecidas circunstancias. Ese niño me marcó mucho y siempre lo he llevado en mi mente y corazón.

Cuando vi las imágenes de lo que hizo el Tsunami, todos estos recuerdos y muchos otros golpearon mi mente y mientras una cascada de lágrimas caían por mis mejillas, me hice estas preguntas: ¿Dónde estará ese niño? ¿Se habrá salvado? De lo que tengo seguridad es que todas las miles de personas que vivían alrededor de las vías, ya no existen en el planeta Tierra. El tren que pasaba por ese lugar fue arrastrado por el Tsunami y murieron todas las personas que viajaban en el. ¿Qué habrá sido de los leprosos? En sus caras ya no hay sonrisas. Estas han sido sustituidas por las lágrimas, la angustia, el dolor y la desesperación. Sus creencias y espiritualidad ya no son suficientes para superar este dolor. Todo esto para ellos es un Karma, pero no entienden por qué.

Lloro por no poder estar físicamente con ellos, por no poder secar sus lágrimas o darles mi amor y un amoroso abrazo a tantos niños que se han quedado solos. Mi angustia aumenta cuando pienso que el mundo esté tan dormido que se crean que esto es un problema de los políticos de los distintos gobiernos y son ellos los únicos que tienen que ayudar. ¡NO! ¡MI GENTE, DESPERTAR! Ya no hay excusas. Cada uno de nosotros tiene y debe hacer algo. Por mínimo que sea todos nosotros tenemos algo que aportar a ese pueblo tan necesitado. No es el momento de observar, es el momento de la acción. No te excuses diciendo que no estas seguro si el dinero que das llega a ellos, porque eso es solo engañarte a ti mismo. Lo importante es la intención con que lo haces. ¿Te imaginas si todo el mundo pensara igual? Nadie daría nada…

Yo he puesto mi pequeño granito de arena compartiendo con todos vosotros parte de mi experiencia y sentimientos. Se que no es suficiente, pero he hecho algo. ¿Y TU QUE HARAS POR ESTOS HERMANOS? Yo confió que el karma se vuelva Darma con la ayuda de todos nosotros y espero y deseo que este y los otros países arrasados por el Tsunami sean países prósperos llenos de gentes con hogar y que todos tengan lo que cualquier ser humano con dignidad merece.

En nombre de esas gentes que van a recibir un poco de ti. ¡GRACIAS! Gracias por dedicarme un minuto de tu vida y poder compartir este dolor contigo. ¡CREA UN MUNDO MEJOR, ESTE ES EL MOMENTO!

Con amor y agradecimiento, AKALISUN (E-mail: akalisun@akalisun.com)

PD: La Cruz Roja Americana está recibiendo donativos en www.redcross.org

 
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