Viaje a Israel


 

Cuando llegue a Israel, mi vida y mi fe estaban en plena crisis.
Dicen, que todo ser humano tiene que pasar por la pasión crucifixión y muerte.
Yo me encontraba espiritualmente en el monte de los Olivos pidiendo a Dios que apartara de mí ese Cáliz tan amargo de la duda, de la falta de fuerzas para seguir adelante, de la soledad y tristeza.
Sabia de mi misión y me asustaba seguir adelante. Escogí el papel de victima y al hacerlo mi alegría desapareció. Esa alegría que en muchos momentos de mi vida me había librado del caos. Pero ahora en esta noche oscura del alma ya no me acompañaba estaba sola y como el Maestro Jesús clame al cielo pidiendo ayuda.
 ¡Dios mió, aparta de mi este Cáliz y dame las fuerzas y alegría para poder seguir adelante!
Y Papa Dios me escucho, y para darme fuerzas me mando a Israel. Y aquí, en esta bendita tierra empecé a sentir de nuevo la energía de mi Maestro Jesús.
 En cada paso, en cada esquina estaba El, y me deje envolver y acariciar por su Amor, pero al hacerlo el escudo protector que había creado para no llorar se derrumbo, y en un punto del camino siguiendo los pasos de Jesús, el diquen se desbordo.
Todas las lágrimas reprimidas amarguras y tristeza salieron a flote.
Pero en ese momento crucial en el que se estaba realizando la Pasión y Muerte de mi Ser sentí al Maestro Jesús decirme:
¡Mi niña, no sigas caminando con mi cruz, déjala aquí, yo no la cargue hace 2000 anos para que los humanos la sigan cargando ahora!
Vive con alegría, pues sin ella no llegaras a Dios. Y dile al pueblo de Israel que es la representación del mundo que sea como ninos, puros, inocentes y alegres.
Esa fue mi enseñanza entonces! ahora y siempre!

 

¡Gracias amado Jesús, por la vida y por las cosas hermosas que me has dado!

 
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